martes, 1 de septiembre de 2009

La Ley del Karma

La Ley del Karma.
Desde hace mucho tiempo, la mayoría de nosotros escuchamos la fórmula “El hombre es el Arquitecto de su propio destino” y que “Lo que uno siembra es lo que cosecha”. Nos han dicho que “lo que somos y lo que tenemos hoy”, es el resultado de nuestros pensamientos y acciones en el pasado y que “lo que seremos y tendremos en el futuro”, depende de nuestros pensamientos y acciones que hagamos en el presente.
Y la realidad es que nosotros tal vez, tengamos mucho resentimiento con Dios, pues pensamos que ha sido injusto con nosotros y que no nos ha dado lo que realmente merecemos. De repente pensamos en un “Dios caprichoso” que a nosotros nos trata muy mal, a pesar de que somos buenas personas y no hacemos mal a nadie y sin embargo, al vecino, que es malo y hace mucho daño a los demás, a él si le da mucho más cosas que a nosotros. Además pensamos que este “Dios caprichoso”, permite las guerras, las muertes de seres inocentes y que no hace nada para evitar que muchos niños mueran por falta alimento.
Reclamamos a Dios por todas las injusticias del mundo, pidiéndole que actué y ponga las cosas en su lugar.
La Ley del Karma nos explica esto. La Ley del Karma es la ley de causa y efecto y nos demuestra que según pensemos y actuemos, así viviremos. No existe la casualidad, que algunos prefieren llamarla fortuna o rueda de la fortuna o de que las cosas suceden al azar. Dios creó el universo y lo puso en funcionamiento en base a las Leyes Cósmicas y estas leyes funcionan, independientemente de que el hombre las conozca o las desconozca. El hombre tiene libre albedrío y él decide si sigue las Leyes Cósmicas o si las viola.
La Ley del Karma es la más estricta justicia concebida, significa compensación, pero compensación matemáticamente equilibrada a su causa motivadora.
No debería ser muy reiterativo pero de verdad que todo resultado es el efecto justo y balanceado de una causa mental. Todo pensamiento produce efectos que recaen en el pensador como bendiciones o como pérdidas, dependiendo del móvil causativo del pensamiento original. Según pensemos y actuemos, así viviremos, cosechamos lo que sembramos.
El verdadero problema del hombre es la ignorancia. El hombre invierte mucho tiempo de su vida en aprender una profesión u oficio, pero dedica muy poco tiempo a estudiar y profundizar en lo que es la vida. Este desconocimiento le causa sorpresa al no entender porque la vida es como es y porque no logra los resultados que él espera de la vida.
El objetivo principal de la Ley del Karma es enseñar y dar lecciones al Hombre sobre todas las Leyes Cósmicas. El Hombre debe de saber que es un ser dual y que tiene un Alma que es divina y un cuerpo material que le sirve de “transporte”para permitir que por la Ley de la Evolución, el Alma del Hombre encarne repetidamente en cuerpos materiales para que aprenda las Leyes Cósmicas y se armonice con ellas. Por eso encarnamos, para aprender y para construir y establecer el carácter que es a su vez la expresión de la personalidad del Alma del Hombre. Debemos de adquirir experiencia y unirla al conocimiento general que tengamos del todo.
El Karma puede ser colectivo o individual. El Hombre puede unir sus ideas a otros hombres y formar así una tercera entidad psicológica que es la mente colectiva. Individualmente, un hombre no sería capaz de cometer determinado crimen, y sin embargo, las fuerzas sociales de grupo, los impulsos primitivos de la mente colectiva, pueden arrastrarlo a cometer actos que después, en la soledad de su conciencia individual, se reprocharía a si mismo. De esta manera se crea el karma colectivo, que puede ser de grupo, familiar, estatal, nacional internacional, etc. Y que tiene que ser liquidado. Así es que los pueblos pagan crímenes colectivos o sufren después los resultados de la perpetuación de sus supersticiones o de su irreverencia ante lo Divino. Las guerras están íntimamente relacionas con el karma colectivo. Igualmente lo están las crisis económicas y sociales y del otro lado, las épocas de abundancia y prosperidad.
El Karma individual se adquiere por comisión o por omisión. El karma de comisión es aquel en el que realizamos una acción en beneficio o en perjuicio de alguien. El karma de omisión es aquel en el que omitimos realizar una acción que pudiera hacer un bien y que nuestra intención puede ser buena y ayudarnos o nuestra intención puede ser de indiferencia, apatía o dejadez que nos puede dar un karma muy negativo.
Según la intención, el karma puede ser físico, si se intenta usar las leyes de la naturaleza; moral, si se usan las leyes psicológicas en contra o a favor del hombre y espiritual, si se usan las Leyes Cósmicas en contra o a favor del Creador y su obra. Finalmente, podemos hallar un karma de intención en forma combinada: física y moral, física, moral y espiritual, etc.
Cósmicamente todo karma queda registrado o como Bien que se pudo hacer y no se hizo (que es en verdad la omisión del Bien) o como Bien que se hizo (que es la comisión del Bien).
Simbólicamente, los Señores del Karma, que son parte de las Huestes Cósmicas, son los encargados de determinar que parte de nuestro Karma va a ser liquidado en la próxima encarnación. Ellos decidirán con precisión y justicia: el país, estado, municipio, ciudad, colonia, casa, padres, ambiente social y condiciones generales en las que nos desenvolveremos para tener las condiciones propicias para liquidar nuestro karma.
Recordemos que tenemos muchas vidas para liquidar nuestro karma y que el propósito del mismo es aprender las Leyes Cósmicas y no es castigarnos, hacernos sufrir, pagar por nuestras culpas, sino aprender lo que la vida es, aprender a vivir en armonía con ella y saber que nuestra única deuda es la del Amor: Amor a todos, comprensión, justicia, tolerancia, misericordia.
Un punto muy importante en la comprensión de la Ley del Karma es aprender a afrontar el karma que nos toca vivir. Debemos de aceptar que lo que somos, lo que tenemos, es el resultado de nuestros pensamientos y nuestros actos y que tuvieron su origen en nuestro pensamiento, nuestra intención, nuestra emoción, nuestra actitud, nuestra filosofía de vida, nuestra comprensión de la Leyes Cósmicas, nuestra personalidad, y no en los demás o en las circunstancias o en el ambiente o en los espíritus o en Satanás o en Dios mismo. Aceptar lo que tenemos y que no entendemos en que momento lo construimos. Bendecir el bien obtenido, serenidad y comprensión ante el aparente mal recibido. Digo aparente, porque los efectos sufridos envuelven al fin y al cabo una lección que ha de transformarse en bien para el mismo sujeto.
Para el místico hay dos caminos que nos ayudan a liquidar el Karma. El místico siempre está trabajando en el laboratorio de su mente y de su ser para acelerar su liberación espiritual. Los métodos místicos aludidos son: primero, modificación del karma maduro por medio de la técnica de la contra-causa y segundo, liquidación completa de un karma maduro por medio de las altas iniciaciones psíquicas.
De hoy en adelante, cuando veamos los males de otros o cuando suframos los nuestros, recordemos la sabia Ley del Karma, justa, equilibrada, matemáticamente medida, que no da ni un pequeño arañazo a quien no lo necesita, ni tampoco regala dones a quienes no lo merecen. Que no castiga ni tiene preferidos, que no es sobornable, ni posee caprichos. Recordemos que, como toda gran Ley Cósmica, desea solamente enseñarnos a vivir en armonía con el ritmo universal y dentro de la Fraternidad del hombre, para así conocer la paz profunda que trae felicidad.
De hoy en adelante, cuando ante nuestros ojos, cruce la caravana del mundo, con sus paralíticos, sus tullidos, sus sordomudos, sus ciegos, sus deformados, con los que nacen con enfermedades hereditarias, o que poseen defectos físicos de nacimiento, esos niños que nacen muertos, o los que duran tan sólo unos minutos o unas horas, esos padres que los ven morir perplejos ante el misterio de su corta vida, cuando vemos los llamados fenómenos físicos, los de enfermedades incurables, los cancerosos y aún cuando observemos aquellos cuyas enfermedades tocan la mente: los que tiene complejos, fobias, demencias, los paranoicos y esquizofrénicos, los neuróticos y sicóticos, los que viven en el mundo de sus fantasmagorías y sus miedos auto creados; en fin, los que están encarcelados, los perseguidos, los acuciados, los criminales y asesinos, y los asaltadores y hasta los que se arrastran en la miseria y la necesidad, miseria física o miseria moral, todos en una palabra, pensemos que en ellos hay un karma negativo que se está cumpliendo, a la vez que están creando nuevas cadenas kármicas.
Seamos pacientes con ellos porque nosotros, cualesquiera de nosotros, ha podido estar o puede estar incluidos en ellos; comprendamos que un mismo hecho puede dar lecciones kármicas diferentes a distintas personas a la vez y colaboremos con el Plan Cósmica, ayudándoles a esos seres a llevar su cruz. Les aliviará a ellos y nos servirá de placer interno a nosotros.
Por otro lado, al observar a los poderosos, los dominadores, los que han alcanzado las cumbres del bien o de la sabiduría o de la fuerza o de la riqueza, no envidiemos; alegrémonos por un lado, al ver cómo se les da lo que han ganado de alguna manera que nosotros no entendemos; o bien, si no es ganado, comprendamos que pueden ser instrumentos concientes o inconscientes de los altos planes divinos. Sepamos que los caminos de Dios no son los caminos de los hombres, según palabras bíblicas. Y finalmente roguemos a los Grandes Maestros que iluminen a esos así beneficiados por el karma, para que usen sus dones en bien de todos, porque de lo contrario estarán entonces encadenándose kármicamente al abusar de la bendiciones divinas recibidas.
La Ley del Karma es una cadena que precisamente por ser impersonal, no toma en cuenta las apariencias mundanas: Puede transformar un mendigo en un rey, y un rey en un mendigo. Ante tanta grandeza cósmica, ante tanto poder divino, ante tanta sabiduría esotérica, sintámonos grandes por habernos hincado en la comprensión de la Ley, pero a la vez humildes al saber que por nuestra ignorancia del pasado hemos transgredido esa misma Ley, aunque nuestra memoria no nos lo recuerde, sea en esta vida o en otra anterior. En el Plan Divino, nunca es tarde para el alma que busca la luz. Hacia la Luz Mayor, vayamos, por el conocimiento de la Ley Cósmica y aún más, por el amor, el amor intenso, hondo y eterno hacia Quién lo emanó con Su Poder, Quién también lo ama todo con Su Corazón.

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